BOLETÍN INFORMATIVO No. 5 -

 

PALABRAS DEL SEÑOR RECTOR. DR. JORGE ORLANDO GAITÁN ARCINIEGAS

CEREMONIA DE GRADOS - 19 DE  JUNIO DE 2009  

  Apenas hace tres semanas, en acto formal pero ampliamente simbólico, UNIAGRARIA reconoció a sus mejores docentes y les otorgó las distinciones de Docente Insigne del año, Docente Distinguido en la Docencia y Docente Distinguido en la Investigación.  

En el acto de reconocimiento todos los condecorados expresaron las motivaciones que les impulsan a lograr resultados sobresalientes, todas muy nobles, todas muy loables, pero fue la intervención del Ingeniero Civil Orlando Rincón, docente distinguido en investigación, la que me impacto de una manera especial pues yo esperaba que fuera la invocación a las matemáticas, a la física, a las ecuaciones, a los cálculos estructurales o al manejo de los algoritmos o de los procesos de ingeniería lo que le motivaba a ser el mejor en su especialidad, pero para mi sorpresa, según lo manifestó enfáticamente , lo que le impulsaba a sobresalir, a ser el mejor, era el amor , su profundo amor por lo que hacía  y por las personas que beneficiaba con su trabajo. 

Gran lección nos dio ese día el ingeniero. 

Era la expresión del ser humano tratando de trascender sobre el ingeniero.

No hay duda de que ello es así.

No obstante que pareciera difícil de  entender. 

Antes que el técnico esta el hombre y de ello debiéramos estar  plenamente conscientes. 

No abrigo mayores dudas sobre la calidad de la formación profesional impartida en UNIAGRARIA por cada docente, en cada una de las cientos de asignaturas que conforman el plan  de estudios de  las profesiones en las cuales se  formaron los graduandos de este día. 

Pero en lo que si quisiera estar plenamente seguro es en  haber sido exitosos en el perfeccionamiento de estos nuevos profesionales como seres humanos.

La formación de un ser humano es compleja, y  prolongada porque en ella  intervienen muchos actores y demasiadas circunstancias en cadena. 

  A la Institución nos llegan los futuros profesionales en una etapa de la vida en la que  el moldeado de la personalidad y del carácter ha sido influido por los aprendizajes del hogar, del colegio y de la sociedad en las que ha interactuado  el estudiante;  en la universidad asumimos la fase final en la cual  nos corresponde afirmar los valores sobre los cuales cimentará su conducta y la ética de su ejercicio profesional por el resto de la vida.   

Sin embargo y sin olvidar esfuerzos notables en los últimos años, creo que en este asunto de infundir los valores que hacen diferente a un buen hombre del que no lo es, no se ha profundizado suficientemente en la educación superior del país. 

Como tampoco en otros niveles de la educación y menos en otros sectores de la sociedad. 

Vivimos en una época que privilegia el dinero sobre todo lo demás y de ello se hace alarde. 

Y cientos de economistas imberbes aún, repiten, como loros, lo que les mandan decir  desde el extranjero en cuanto que es necesario asimilar el éxito con la riqueza. 

Y que bienestar es consumo. 

Y nada más. 

La presión que ese mensaje lleva implícito y la necesidad de dar herramientas  que faciliten en el futuro al estudiante   descollar como profesional y como técnico para ganar más dinero, tienden a ocultar la enorme responsabilidad que compete a las universidades en el proceso de formar hombres de bien. 

Muy poco sacara un país con tan precarias circunstancias éticas y morales como el nuestro, si en nombre del beneficio para nuestra propia sociedad, persiste con su sistema educativo en darle prioridad a lo que lleva al lucro y al dinero sobre lo que fomenta el cultivo de las cualidades que serían  propias de un buen ciudadano, de un hombre de bien. 

Y lo digo cuando no puede estar peor el país en los indicadores de violencia y de intolerancia social porque hemos llegado a extremos inconcebibles para una sociedad y para unos individuos que pretenden continuar en la categoría de civilizados.  

  A diario las noticias son aterradoras; Colombia esta hundiéndose en profundidades del crimen que rayan en lo irracional y en lo infrahumano. 

Todo indica que es hora de hacer un alto en el camino.  

Es hora de reflexionar sobre lo que tiene enferma a nuestra sociedad. Al país no lo vamos a sacar adelante solo con mas ingenieros, con mas zootecnistas con mas abogados, administradores o contadores; lo sacaremos a flote si formamos mejores hombres y mujeres con una actitud personal y ética  que interprete más profundamente la raíz de los problemas, que  tengan el criterio suficiente  para decidir entre el bien y el mal en relación con lo que los  futuros usuarios  de sus  servicios y la sociedad en general necesitan  y privilegien las soluciones que beneficien a las mayorías  y no solo a las minorías ensoberbecidas por la corrupción o por el delito.

La exigencia de esa sociedad es cada vez más apremiante.  Miles de personas reunidas en comunidades aisladas en lo rural o aisladas en lo urbano, reclaman más de sus dirigentes.  

Si la dirigencia surge de los profesionales que salen de las Universidades, entonces  a estos tendremos que formarlos en valores que los hagan capaces de interpretar el clamor popular por la paz y por la reconciliación. 

Los profesionales tienen que ser intérpretes del dolor popular de millones de compatriotas que se debaten en medio de la inseguridad y del hambre.

Las terribles circunstancias en que se desarrolla la vida de los millones de colombianos que migran de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, en busca de un trabajo, no pueden seguir siendo ignorados por las universidades como si se tratara de un problema ajeno, de países extranjeros, y  no del nuestro 

Este estado de cosas no puede seguir siendo tolerado por las fuerzas vivas de la nación y de ello tienen que apersonarse las universidades como emblemas de la intelectualidad, de la inteligencia y de la innovación para liderar el cambio.

Y se liderará el cambio si se influye en la formación de sus estudiantes hacia la ética y hacia las buenas costumbres y se establece una clara diferencia entre los límites morales del bien y del mal y se comienzan a sancionar, y no a aplaudir, como hoy ocurre, los comportamientos  abiertamente delictuosos que se pretenden imponer como guías de conducta social  para los jóvenes en nuestros días. 

No más mafias enquistadas en el establecimiento y en el poder, no más criminales presentados como próceres.   

Es una tarea enorme y quizá quijotesca pero hay que emprenderla, si queremos el país que soñaron nuestros mayores. Y así las cosas, a quienes  en las universidades presumimos de llevar la antorcha de la inteligencia nos corresponde ver cómo vamos a realizarla pues para ello nos hicimos profesionales y doctores; para ello nos hicimos educadores. 

No basta entonces con decirles a los nuevos profesionales que deben aprender a ganar más dinero, no porque ello no sea importante, sino porque el dinero tiene que expresarse en beneficio para las mayorías. 

El atesoramiento individual pregonado por estos modelos económicos egoístas solo profundizará la desigualdad y la insatisfacción y tanto la desigualdad como la insatisfacción tarde o temprano terminan en violencia.  

A Colombia no le cabe un violento mas.  

Alguien tiene que decir a los jóvenes que las cosas se están haciendo mal, alguien tiene que obligar al país a despertar en la conciencia de que no estamos condenados a vivir en el sótano de la vergüenza mundial , que todo puede ser mejor y que es posible rescatar la dignidad y  el prestigio que en otras épocas tuvo muestro pasaporte y nuestra nacionalidad, y que esta escoria del narcotráfico y  de la corrupción solo podrán sobrevivir si la sociedad sigue siendo cómplice y cobarde para sancionarlos  , para  denunciarlos y para tolerarlos. 

Lo peor que puede seguir  ocurriendo es continuar sacando generaciones de profesionales que se acomoden a las circunstancias y que renuncien a ser voceros de la dignidad y del cambio; que tras la dudosa comodidad de un salario eludan el deber al que les llama la patria respecto de la protección de los más débiles y de las mayorías en contra de la ambición de estas inmensas minorías  protegidas por el crimen y la corrupción.  

Los buenos somos mayoría, y  no puede olvidarse que  a ello le temen los malos, que por fortuna, siguen siendo una evidente minoría en nuestra sociedad y todavía podemos  aplastarlos con la fuerza de la razón y del derecho.

Este llamado no se trata de un movimiento de politiquería y menos de politiquería electoral.  Se trata de la necesidad de tomar conciencia, como nuevos profesionales, de que es necesario fijar posiciones frente al problema y de cuestionar severamente el estado de cosas por las que atravesamos.  

Estremece el corazón y la conciencia ante tanto dolor innecesario e inútil, el escuchar las voces atormentadas de las madres y de los padres que en las emisoras de radio a diario claman por la libertad de sus hijos secuestrados; estremece el pavor de una sociedad amedrentada por los violentos, por los narcotraficantes y por autoridades que traicionan su deber y a su patria impunemente; angustia presenciar que una madre confiese que mató con sus manos a su hijo recién nacido o que un  padre con desfachatez dice que mandó asesinar al suyo menor de un año. 

Esto no está bien y alguien debe decirlo y la Universidad como lumen de la inteligencia debe decirlo y los nuevos profesionales deben saberlo  porque estos nuevos profesionales, que tienen toda una vida por delante, han de tener presente  que viven una oportunidad maravillosa de corregir tantos errores que hemos cometido las generaciones de profesionales anteriores. 

El país tiene un sinnúmero de excelentes ingenieros, de excelentes médicos, de excelentes profesionales del derecho pero dudo mucho que haya tenido éxito en formar excelentes profesionales seres humanos, porque no hemos sido capaces de liderar la reacción a la agresión de que ha sido víctima la sociedad por los violentos y los desalmados.   

Quiero plagiar a Martin Luther King, porque yo también tengo un sueño. 

Sueño en que el futuro de Colombia será diferente, sueño en que tendremos generaciones de colombianos más responsables, más serios, más respetuosos de su palabra y de sus compromisos, menos egoístas, menos inclinados a la vida regalada, y al triunfo fácil y barato; sueño en que las próximas generaciones nacerán en hogares más estables, mas temerosos de Dios, donde reine la comprensión, la tolerancia, la solidaridad y el bienestar como objetivos comunes de toda la familia y donde la autoridad de la madre y del padre surjan ,no de la imposición o del castigo ,sino del  ejemplo y de la responsabilidad .  

Sueño en que por fin los jóvenes aprenderán que la riqueza y la prosperidad económicas serán presentables, agradables, reconfortantes y aceptables solo si son fruto del esfuerzo continuado y permanente de muchos años y que interpreten que el enriquecimiento rápido, producto del delito, es  flor de un día; y que se paga caro, incluso con la vida, el pensar que uno puede volverse rico a costa de la miseria, del dolor o de la desgracia de los otros.  

UNIAGRARIA no es una universidad confesional. La libertad de fe es paradigmática en nuestra institución pero tenemos un profundo sentido cristiano en relación con la vida.  

Creemos que la felicidad no es un bien de propiedad exclusiva de las minorías ricas sino que debe ser para todos y para todas porque el estado natural del ser humano debiera ser el de ser feliz y los pobres, que son la mayoría, también son seres humanos.

UNIAGRARIA se hizo pensando en la sociedad ubicada en mas de los mil noventa municipios del país que conforman la provincia colombiana que en buena parte es de ingresos moderados y bajos.  

En nada criticamos la riqueza lograda con esfuerzo; aplaudimos al empresario que a lo largo de 20 o 30 años de sudoración  continua, acumula un capital que le permite vivir con cierta comodidad; pero criticamos abiertamente  a aquellos que se enriquecen mediante la corrupción y mediante el delito.  

Los nuevos profesionales deben saber que los dineros públicos son bienes sagrados porque son recolectados mediante el pago de impuestos de mucha gente, entre ellos millones de pobres, que le sigue apostando a la democracia y  a la convivencia pacífica.

 

Los nuevos profesionales deben criticar y rechazar el vincularse a proyectos financiados con dineros producto del tráfico de estupefacientes y del delito.  

En esto es obligatorio tomar decisiones éticas antes que posiciones económicas. 

Alguien tiene que decirlo y en el día de hoy se los estoy diciendo yo, que soy su Rector en esta su universidad.

Sueño con un país en paz donde podamos “volver a pescar de noche “como decía el maestro Darío Echandia, paradigmático exponente político de la honorabilidad, quien vivió a mediados del siglo pasado.  

Sueño con la viabilidad de la paz, no por la victoria de las armas que inmovilizan e  invisibilizan al vencido, sino en la paz que surge de una revisión inteligente de los propios procederes y de una posición crítica y autocrítica ante el pésimo estado de las cosas.  

La paz no surgirá de arriba abajo porque el gobierno así lo disponga; surgirá cuando millones de colombianos y colombianas liderados por profesionales íntegros digan… BASTA!!! , a la violencia y tomen posiciones políticas al respecto. 

Sueño que las universidades formaran esos líderes.

Sueño con que el más poderoso instrumento de cambio social que es la educación, triunfará sobre la guerra.  

Sueño que la armonía y la estética que surge del buen comportamiento social terminaran imponiéndose. 

Sueño que la tolerancia será la disciplina más importante que tendremos que enseñar y que aprender en el hogar, en el colegio y en la universidad. 

Sueño que la aceptación del otro y de la diferencia de pensamiento, acabará con la discriminación como eje de la ventaja económica y del enriquecimiento de unos pocos.  

Sueño con que la justicia triunfará sobre el delito y que las voces histéricas e ilegítimamente interesadas que se elevan en contra de los jueces terminaran siendo acalladas por el clamor de las multitudes que salen en su defensa.  

Sueño que la verdadera libertad que surge de la independencia económica sea un bien real y al alcance de todos.  

Sueño, en fin, que todos estos bienes que aún están por conseguirse en Colombia para las grandes mayorías, serán el producto de ese amor que reclama con furor el ingeniero Orlando Rincón, un amor que significa la máxima expresión de la condición  humana, porque solo los humanos podemos amar en el sentido amplio y estricto de la palabra.

Si liberamos ese amor profundamente latente en nuestros corazones adoloridos, generaremos una energía de cambio tan poderosa que nada podrá detenerla.  

Hay que hacer el intento.

  No podemos ser inferiores a nuestra responsabilidad, las nuestra es posiblemente la generación de colombianos a las que nos cabe la mayor cuota en la lucha por la paz.  

Aplazar una posición crítica ante el problema es entregar las banderas y propiciar el desaliento, el caos y la hecatombe.

Toca actuar ya.  

Señores Graduandos: ustedes son la inmensa minoría selecta entre los millones de jóvenes del país que no tuvieron la oportunidad de cursar 16 o más años de educación hasta hacerse profesionales universitarios. 

El país espera por ustedes. 

Armados de los principios morales y de los conocimientos de su universidad, del ejemplo de sus profesores y de lo aprendido en cada uno de sus hogares, láncense a recorrer la patria y abracen a las miles de personas que esperan ansiosas por ustedes. 

Transmitan y multipliquen entre  sus congéneres ubicados en lejanos rincones del país, el privilegio de esas dosis de amor que recibieron de sus madres y de sus padres y aprendieron a valorar en UNIAGRARIA, y sientan que así estarán atendiendo al ruego de  millones   de compatriotas que  están sedientos de afecto y de aceptación y rezan porque alguien  les brinde algo ayuda y de consuelo  

Que cuando en algún lugar se necesite de un profesional, la gente pida que escojan uno de UNIAGRARIA, porque son serios, responsables, rectos, éticos, constantes, dignos, gentiles, caballerosos, pulcros, trabajadores, respetuosos, honorables, distinguidos,… y…además, muy buenos profesionales. En ese orden, y cuando ello así ocurra, sabremos que el país está comenzando a cambiar, y entonces este rector sabrá que la tarea se ha cumplido y que puede retirarse a descansar. Entre tanto, no. 

Adoren esta bendita tierra colombiana que devuelve el mil por uno a quien la trabaja honestamente, y amen a nuestra gente, multirracial y  policultural, pero cuya piel siempre nos olerá a patria, a hogar y a regazo de madre.   

No los defrauden, busquen el premio de una sonrisa agradecida y la satisfacción del deber cumplido antes que la de un cheque abultado. 

No inviertan el orden de las cosas, trabajen duro y honestamente así sea necesario esforzarse el doble y por más tiempo.

El carácter recio y respetable se logra ante la tarea dura y el esfuerzo persistente; nunca se sacan grandes cosas  de esfuerzos débiles y sin constancia.  

En este propósito ustedes nunca estarán solos, cuenten con su universidad, que seguirá siendo su alma mater y su casa, divulguen los principios uniagraristas que son loables y generosos; luchen por el medio ambiente, por el sector agrario y por el fomento del espíritu empresarial de los asociados a sus comunidades; digan con  voz fuerte  y la frente alta que los nobles principios que recibieron de sus padres en sus hogares crecieron y se hicieron mayores en UNIAGRARIA y que gracias a ellos y al esfuerzo de sus padres, de su familia y de sus maestros, hoy son hombres de bien y orgullo de la patria. 

Bendigan sus hogares y a sus padres, retribuyan con afecto todo lo que recibieron de ellos durante estos largos años de formación en los que además, cientos de personas dieron lo mejor de sí para que ustedes hoy sean grandes y ojala prósperos. 

Honren a sus maestros y póngalos como paradigmas de hombres de bien y traten de imitarlos.

Y por último tomen conciencia de que más que profesionales son personas humanas  y más que personas son entes responsables ante la sociedad, a quien nos debemos y motivo por el cual existimos  

Muchas gracias.