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El fenómeno, así ocurriera solamente durante los meses de verano, alteraría un ecosistema muy sensible y pondría en riesgo la supervivencia de osos polares, focas y algunas especies que dependen del zoo plancton marino que se reproduce bajo la capa helada. Los mares del hemisferio norte sufren con mayor intensidad el impacto de la actividad humana que los del sur, según el estudio, y el Ártico es el más débil para enfrentarse al calentamiento global. El Mar del Norte, la costa de Noruega, el Caribe, el Golfo Pérsico y los mares de Japón y China son los que acusan con mayor intensidad los efectos de la actividad del hombre. Contrario a lo que podría pensarse, que son las industrias y la contaminación sus peores amenazas, el estudio de Heineman señala que la sobrepesca es la principal causa de su deterioro. El menor impacto lo registran los casquillos polares, aunque el del norte tiene menor superficie que la zona antártica, mientras que la mayor parte de todos los mares del mundo tienen un impacto medio.
Heineman ha atribuido la 'mejor salud' del océano antártico al hecho de que es una zona escasamente explotada por actividades productivas como la pesca o la extracción de hidrocarburos, y por estar protegida por convenios internacionales suscritos por los países del área.
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